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Collage con imágenes de GTRES

La tendencia del futurismo neoclásico conquistó los Premios Grammy 2026

Los Grammy 2026 no fueron solo una gala, fueron un auténtico manifiesto estético. Sobre la alfombra roja emergió una nueva belleza híbrida donde las pieles parecían esculpidas en luz líquida y los peinados y el maquillaje se movían entre la mitología y el metaverso.

Cejas borradas, glow translúcido, ondas sirena, piercings y maquillajes dramáticos dibujaron un lenguaje beauty que ya no mira al pasado ni al futuro, sino a un punto intermedio donde conviven mitología, fantasía y ciencia ficción. Bienvenidas al futurismo neoclásico.

Piel de mármol y cejas desvanecidas: el canon del futurismo suave

La piel fue el gran statement de la noche. No una piel perfecta en el sentido tradicional, sino una piel viva, translúcida, con un brillo que parecía venir de dentro. Un acabado casi mineral, que convertía los rostros en superficies escultóricas.

Lady Gaga llevó esta idea al extremo. Sus cejas completamente decoloradas borraban cualquier referencia temporal, sin cejas, el rostro se vuelve más abstracto, más universal, más estatua. Sus cejas no eran las protagonistas de su look sino un elemento más que potenciaba su maquillaje soft goth, como si una escultura clásica hubiera despertado en un futuro oscuro y distópico.

FKA Twigs apostó por una piel impecable con pequeñas pecas que funcionaba como un lienzo ideal para destacar su pelo rojo incandescente. Su glow era casi bioluminiscente, como si la luz se filtrara desde el interior. En ella, el futurismo suave se vuelve orgánico, sensual, casi animal. Sus cejas desdibujadas y su eyeliner difuminado junto a un delineado inferior metalizado fueron el complemento perfecto a un look etereo pero rompedor adornado con piercings y un cabello trabajado nada convencional.

Lady Gaga y FKA Twigs (GTRES)

Fantasía medieval y gótico digital: Chappell Roan como musa del metaverso

Chappell Roan fue la aparición más narrativa de la noche de los Grammy 2026. Su look de Mugler en color vino, transparente, sostenido por piercings en los pezones, no era un vestido, era un personaje. Los tatuajes falsos que cubrían su cuerpo, con motivos de encaje y estética medieval, creaban la ilusión de una guerrera mística que ha atravesado un portal hacia un universo digital.

Su melena rojo fuego, trenzada y ondulada, parecía sacada de un códice iluminado, pero reinterpretada con códigos de fantasía tech. El maquillaje, smokey oscuro, glitter y piel pálida con blush dramático, reforzaba ese aura de criatura híbrida: mitad doncella medieval, mitad avatar del metaverso.

Roan encarna el gótico digital, una estética donde lo ancestral y lo futurista no se contradicen, sino que se potencian. Es la prueba de que el futurismo neoclásico no es solo una tendencia beauty, es una narrativa visual que permite a las artistas convertirse en mitos contemporáneos.

Chappell Roan y Rhian Teasdale (GTRES)

Otros artistas que llevaron un look que parecía sacado de un videojuego medieval fueron Rhian Teasdale, vocalista del grupo Wet Leg, y Lava La Rue.

Renacimiento pop: Sabrina Carpenter y Karol G como Botticellis del futuro

La lectura renacentista fue una de las más sorprendentes y más coherentes dentro del futurismo neoclásico. Sabrina Carpenter apareció como una Venus 3.0: piel angelical, rubor babydoll, labios rosados y ondas suaves que parecían pintadas al óleo. Su belleza tenía la delicadeza de un cuadro de Botticelli, pero con un acabado digital, pulido, casi holográfico. Era renacimiento, sí, pero pasado por un filtro de 2026: una musa clásica renderizada en alta definición.

Karol G llevó esta estética a un terreno más terrenal y acuático. Sus ondas sirena, su piel luminosa y sus tonos cálidos evocaban a una diosa marina renacentista, pero con la textura húmeda y brillante de una criatura anfibia del futuro. 

Karol G y Sabrina Carpenter (GTRES)

En ambas, el renacimiento se vuelve pop, accesible, emocional, pero sin perder su aura mitológica. Este renacimiento pop demuestra que el futurismo neoclásico no es frío ni distante, puede ser suave, romántico, profundamente femenino y, sobre todo, muy narrativo.

Sirenas digitales y ninfas urbanas

La tendencia sirena fue una de las más visibles, pero no en su versión clásica. En los Grammy 2026 vimos una sirena digital, una criatura híbrida entre lo acuático y lo tecnológico. Las ondas líquidas parecían moverse solas, los brillos perlados imitaban la refracción del agua, y los labios jugosos tenían un acabado casi gelatinoso, como si pertenecieran a un organismo bioluminiscente.

Halle Bailey, Karol G, la cantante sueca Zara Larson o la cantautora Madison Beer, fueron representantes de esta estética de melena de sirena versión 2.0, que también se vio en detalles de otras artistas: sombras iridiscentes, reflejos nacarados, mechones que caían como filamentos como fue el caso de la cantante Tyla que aportó potencia a su look con una ceja partida. Es una belleza líquida, cambiante, que no se fija en un solo tiempo ni en un solo género estético.

Tyla y Halle Bailey (GTRES)

Lola Young aportó la versión terrenal de este mundo de fantasía llevándolo al extremo más teatral y sofisticado. Su maquillaje dramático con pecas, pestañas XXL, piercings y strass, y su cabello largo con ondas de sirena en color negro azabache, la convirtieron en una moderna ninfa urbana, una figura mágica que habita entre la naturaleza y la ciudad, entre lo táctil y lo digital.

Lola Young (GTRES)

Un nuevo código de belleza

Los Grammy 2026 no solo mostraron hacia dónde va la belleza, sino hacia dónde quiere ir: a un territorio donde lo clásico no es nostalgia y lo futurista no es frialdad, sino un espacio común donde conviven diosas renacentistas, guerreras medievales, sirenas digitales y figuras casi post‑humanas.

La alfombra roja dejó claro que el futurismo neoclásico no es una tendencia pasajera; es un lenguaje visual que entiende la belleza como mito, como glitch, como renacimiento. Un lugar donde el pasado se reimagina, el futuro se humaniza y el presente se vuelve pura fantasía. Y si algo demostraron estas artistas es que, en 2026, la belleza no se lleva: se interpreta.

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