La depresión sigue siendo una de las enfermedades más extendidas y, paradójicamente, una de las más malinterpretadas. A pesar de la información disponible, todavía confundimos sus señales, la reducimos a “estar triste” o la disfrazamos de cansancio, estrés o apatía pasajera. En el Día Mundial de la Depresión, la psicología insiste en desmontar mitos y poner luz sobre un trastorno que no siempre se ve, pero que afecta profundamente a quienes lo viven. VIBE ha hablado con la psicóloga Olga Albaladejo Juarez buenos da las claves para entender la depresión.
¿Qué es la depresión?
Según nos explica la psicóloga, la depresión no es solo estar triste ni pasar una mala racha. Es una forma de sufrimiento profundo en la que la persona pierde el contacto con la sensación de sentido, de energía y, muchas veces, consigo misma. «En consulta la describen como ‘vivir con el freno de mano puesto’; o como una desconexión interna: hacen lo que tienen que hacer, pero nada les llega de verdad», señala Olga Albaladejo.
Desde fuera puede parecer que la vida sigue igual, pero por dentro todo cuesta el triple. Pensar, decidir, levantarse, relacionarse… incluso disfrutar. Y eso genera mucha culpa, porque la persona siente que «no debería estar así», especialmente cuando aparentemente no le falta nada, nos explica.
Nos da unos datos que nos ayudan a dimensionar esta realidad sobre la salud mental en el Día Mundial de la Depresión: según la Organización Mundial de la Salud, el 5,7% de los adultos a nivel mundial padecen depresión, aproximadamente 332 millones de personas (OMS, 2025). En España, el 6,7% de la población está afectada, siendo más del doble en mujeres (9,2%) que en hombres (4%). No estamos hablando de una experiencia marginal, sino de un trastorno que nos atraviesa como sociedad.
«Clínicamente, hablamos de depresión cuando el estado de ánimo deprimido o la pérdida de interés persisten durante al menos dos semanas y afectan significativamente el funcionamiento diario. Pero más allá de los criterios diagnósticos, lo esencial es entender que la depresión no es cuestión de voluntad ni algo que se pueda superar con esfuerzo personal; es un trastorno que requiere atención profesional», nos comenta la psicóloga.
¿Cómo podemos detectarla?
La depresión no siempre se ve. Muchas personas funcionan, trabajan, cuidan de otros… y aun así están profundamente deprimidas. Por eso el Día Mundial de la Salud debería hacernos entender que no basta con observar si alguien llora o se muestra abatido.
Según expone Olga Albaladejo, el DSM-5 establece criterios diagnósticos precisos: deben estar presentes al menos cinco síntomas durante un mínimo de dos semanas, siendo uno de ellos estado de ánimo deprimido o pérdida de interés. Pero en la práctica clínica, las señales que ella ve con más frecuencia son:
- Cansancio emocional persistente que no mejora descansando
- Pérdida de ilusión incluso por cosas que antes motivaban (anhedonia)
- Sensación de vacío, desconexión o indiferencia ante la vida
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones sencillas
- Cambios en el apetito o peso sin causa aparente
- Alteraciones del sueño: insomnio o dormir excesivamente
- Aislamiento progresivo, aunque se mantenga una ‘vida social mínima’
- Sentimientos de inutilidad o culpa excesivos
- Pensamientos recurrentes sobre la muerte o ideación suicida
«Cuando ese estado se mantiene en el tiempo y la persona deja de reconocerse a sí misma, conviene escucharlo como una señal de alarma. Una frase que escucho a menudo en consulta: ‘Ya no soy yo’. Ese cambio sostenido en el tiempo, esa pérdida de la esencia vital, suele ser el indicador más revelador», afirma la experta.

¿Qué diferencia hay entre depresión y tristeza?
La psicóloga Olga Albaladejo nos explica que la tristeza es una emoción sana y necesaria. Aparece cuando perdemos algo, o a alguien que es importante para nosotros. Tiene sentido, tiene causa y nos moviliza hacia su solución, o a aprender a vivir sin ello. Es proporcional al evento que la causa y tiene una duración limitada.
La depresión es distinta: no siempre tiene un motivo claro y, sobre todo, no deja espacio a otras emociones. No es ‘estar mal’, es sentirse apagado. Mientras la tristeza conecta con la vida, la depresión la anestesia. “Una frase que escucho mucho es: «No es que esté triste, es que no siento nada’. Esa diferencia es clave», asegura la experta. La tristeza es como una tormenta que pasa, puede ser intensa pero se disipa; la depresión es como un clima que se instala y transforma todo el paisaje emocional durante semanas o meses.
La importancia de hablar abiertamente de la depresión hoy en día
Preguntamos a Olga por qué es importante hablar ahora sobre la depresión y la salud mental o tener un Día Mundial de la Depresión. Su respuesta es tajante: porque seguimos confundiendo fortaleza con silencio. Vivimos en una sociedad que normaliza el agotamiento, la autoexigencia y el ‘puedo con todo’, pero que sigue mirando con recelo a quien dice que no puede más.
El estigma asociado a la salud mental sigue siendo una de las principales barreras para buscar ayuda. Los datos son elocuentes: según estudios recientes, uno de cada cuatro trabajadores no sabe a dónde acudir para solicitar ayuda en salud mental, incluso cuando están dispuestos a buscarla.
La psicóloga nos cuenta que el estigma opera en tres niveles: el estructural (políticas que limitan recursos), el público (actitudes negativas de la sociedad) y el autoestigma (cuando la persona interioriza estas creencias y se siente defectuosa). Las consecuencias son devastadoras: previene la búsqueda de tratamiento, lleva al aislamiento, genera vergüenza y perpetúa el sufrimiento. «Como afirma la Organización Panamericana de la Salud (OPS): ‘Cuanto más hablamos de nuestra salud mental, mejor combatimos el estigma que la rodea. Y cuando el estigma disminuye o desaparece, es más viable buscar y recibir apoyo’».
Factores de riesgo
¿Hay factores de riesgo para caer en una depresión que nos conviene conocer? Olga responde que sí, y es importante entenderlos sin culpabilizar. La depresión tiene una etiología multifactorial que combina aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Suele aparecer cuando se acumulan demasiadas cargas sin espacios reales de descarga.
Los factores biológicos
La historia familiar de depresión, desequilibrios en neurotransmisores, alteraciones hormonales, enfermedades crónicas, y déficits nutricionales (especialmente vitamina D, B12, hierro y ácidos grasos omega-3).
Factores psicológicos
Historia de trauma, baja autoestima, patrones de pensamiento negativo persistentes, perfeccionismo extremo o historias personales de ‘tener que ser fuerte siempre’.
Factores sociales frecuentes
- Estrés mantenido en el tiempo (en España, el 37% de los trabajadores sufre estrés, depresión o ansiedad vinculados al trabajo)
- Falta de apoyo emocional o sensación de soledad
- Duelo, pérdidas o cambios vitales no elaborados
- Problemas económicos sostenidos
- Discriminación o marginación social
Según la psicóloga, hay grupos de especial vulnerabilidad que conviene nombrar en el Día Mundial de la Depresión: mujeres (prevalencia 1,5 veces mayor), jóvenes y adolescentes (el 41,1% de jóvenes entre 13-18 años en España manifiesta haber tenido un problema de salud mental en el último año), personas con enfermedades crónicas y cuidadores principales. La depresión no aparece por un solo motivo, sino cuando el sistema —mental, emocional y corporal— se queda sin recursos para sostener lo que vive. Conocer estos factores nos permite identificar vulnerabilidades y actuar de forma preventiva.
Acompañar la depresión
¿Cómo podemos acompañar a alguien que está pasando por una depresión? «Acompañar no es animar, ni dar consejos, ni empujar a la persona a ‘ver el lado bueno’. Acompañar es quedarse, incluso cuando no sabemos qué decir».
Olga comparte lo que SÍ ayuda:
- Presencia y validación: Frases como ‘Estoy aquí para ti’, ‘Me gustaría saber cómo te encuentras’,’¿Qué puedo hacer por ti?’, ‘¿Qué necesitas?’. Escuchar sin corregir lo que la persona siente. En mi experiencia, la presencia genuina, sin juicio, es uno de los regalos más poderosos. Evitar frases bienintencionadas pero dañinas como ‘todo pasa’, ‘no es para tanto’, ‘anímate’, ‘tienes que poner de tu parte’, ‘es cuestión de actitud’. Estas frases minimizan el sufrimiento y aumentan la culpa.
- Ayuda práctica y concreta: hacer la compra, acompañar a una cita médica, preparar una comida. Las tareas cotidianas pueden resultar abrumadoras.
- Facilitar el acceso a ayuda profesional: ofrecer acompañamiento para buscar un terapeuta y acompañar a la primera consulta si la persona lo desea. Este apoyo práctico puede marcar la diferencia.
- Mantener contacto regular sin agobiar: mensajes breves de apoyo, llamadas ocasionales, invitaciones a actividades respetando los tiempos.
- Respetar silencios y ritmos: no forzar conversaciones ni cambios rápidos. A veces la compañía silenciosa es suficiente.
- Cuidar al cuidador: Convivir o acompañar a alguien con depresión puede generar fatiga emocional, frustración o resentimiento. Estos sentimientos son normales. Si eres cuidador, establece límites claros, mantén tus propias actividades, busca apoyo para ti, reconoce que no eres el terapeuta de la persona.Y algo que Olga Albaladejo considera esencial es que acompañar también implica saber cuándo no podemos solos y animar, con cuidado y respeto, a buscar ayuda profesional. La depresión no se supera a base de voluntad ni de amor únicamente; necesita acompañamiento especializado.
- Señales de alarma: Si la persona menciona ideas o planes suicidas, contacta con profesionales de emergencia. En España: teléfono 024, disponible 24/7.
Reflexión final
La psicóloga concluye que la depresión es un trastorno serio pero tratable y merece ser tomada en serio. Con acompañamiento profesional y apoyo adecuado, la gran mayoría de las personas se recuperan. Hablar de ello sin miedo, comprenderlo sin juicio y acompañarlo con humanidad no solo alivia a quien lo atraviesa, nos vuelve una sociedad menos indiferente y más capaz de cuidarnos. Y eso es algo que necesitamos urgentemente. Por eso es tan importante el Día Mundial de la Depresión, porque permite una mayor visualización.


