Hay días en los que el cuerpo se siente más pesado de lo normal. El abdomen más hinchado, la digestión más lenta, la energía por los suelos y esa sensación de fatiga. La inflamación no es algo que se solucione con una bebida antiinflamatoria, conviene dejarlo claro desde el principio, pero lo que tomamos a diario sí puede ayudarnos a acompañar mejor al organismo, sentir el cuerpo más ligero, incluso ayudarnos a deshincharnos un poco. Apunta estas bebidas antiinflamatorias porque son fáciles de preparar y muy apetecibles.
La clave no está en beber un zumo verde una vez, sino en construir una rutina más amable con el cuerpo. Sandra Moñino, nutricionista especializada en microbiota e inflamación, divulgadora a través de su perfil de redes @nutrinionat_ y del pódcast Con jengibre y limón, lo explica así: «Una alimentación antiinflamatoria nos va a ayudar a reforzar nuestro sistema inmunitario. Es importante que evitemos procesos inflamatorios en nuestro organismo ya que si hay una inflamación crónica nuestro sistema inmunitario está pendiente de esa inflamación, y no está tan pendiente de respaldarnos frente a microorganismos, como pueden ser los virus o las bacterias».
Además, la variedad importa mucho más de lo que solemos pensar. “Por otra parte, es importante llevar una alimentación antiinflamatoria variada porque el hecho de tomar alimentos distintos va a hacer que tengamos diversidad bacteriana. Esto significa que vamos a tener más tipos de bacterias y por tanto, una microbiota diversa y va a ayudarnos a que nuestro sistema inmunitario esté más fuerte”, añade la nutricionista experta en inflamación.
¿Qué son las bebidas antiinflamatorias y por qué están de moda?
Cuando hablamos de bebidas antiinflamatorias no hablamos de fórmulas détox. Hablamos de preparaciones que incluyen ingredientes ricos en antioxidantes, polifenoles, fibra, vitaminas, minerales o compuestos bioactivos presentes en alimentos como el té verde, el jengibre, la cúrcuma, los frutos rojos, las verduras de hoja verde o las semillas.
Su papel no es curar la inflamación, sino formar parte de un estilo de alimentación más equilibrado, con menos ultraprocesados, menos azúcares añadidos y más ingredientes vegetales. Bien planteadas, pueden ayudar a mejorar la digestión, favorecer una mayor sensación de ligereza y sumar nutrientes interesantes sin complicarnos demasiado la vida.
Matcha latte: la bebida antiinflamatoria que también despierta
El matcha se ha ganado un sitio fijo en las rutinas de bienestar por algo más que por el hype que está viviendo en las redes sociales. Este té verde en polvo es rico en catequinas, un tipo de antioxidantes que se asocian con la protección celular y el equilibrio inflamatorio. La diferencia frente a otros tés es que, al tomar la hoja molida, se aprovechan más compuestos de la planta.
Para convertirlo en una bebida diaria, lo ideal es prepararlo con bebida de almendras, soja o coco sin azúcares añadidos.
- Mezcla media cucharadita de matcha con un poco de agua caliente.
- Bátelo hasta que quede espumoso.
- Añade la bebida vegetal caliente o fría.
- Si necesitas dulzor, mejor opta por canela, vainilla o unas gotas de stevia antes que por siropes cargados de azúcar. Lo ideal es endulzar siempre con dátiles.
Es perfecto por la mañana o a media tarde, especialmente si quieres una alternativa al café que aporte energía de una forma más suave. Eso sí, contiene cafeína, así que, si eres sensible a los estimulantes, mejor tomarlo antes de las cinco de la tarde.
Batido de frutos rojos, kéfir y chía: el más completo para la microbiota
Si buscas una bebida antiinflamatoria que además parezca un capricho, esta es probablemente la más agradecida. Los frutos rojos, como arándanos, frambuesas o moras, son ricos en antocianinas, pigmentos antioxidantes responsables de su color intenso. El kéfir, por su parte, aporta fermentos que pueden encajar muy bien en una alimentación pensada para cuidar la microbiota. Y la chía suma fibra y grasas saludables. Apunta la receta:
- Un vaso de kéfir natural sin azúcar.
- Un puñado de frutos rojos congelados.
- Una cucharadita de semillas de chía.
- Si quieres una textura más cremosa, medio plátano pequeño o un poco de yogur natural.
- Se bate todo y queda una bebida saciante, fresca y muy buena opción para desayunar o merendar.
Lo interesante de esta mezcla es que no solo aporta antioxidantes, sino también proteína, fibra y fermentados. Es decir, no es el típico zumo que entra rápido y desaparece igual de rápido, sino una bebida más completa, que ayuda a mantener la saciedad y evita los picos de hambre a media mañana.
Infusión fría de jengibre, limón y cúrcuma: el clásico que nunca falla
Es una de las bebidas antiiflamatorias más sencillas y efectivas. El jengibre se utiliza tradicionalmente para favorecer la digestión y es uno de los ingredientes más habituales en recetas antiinflamatorias. La cúrcuma contiene curcumina, un compuesto muy estudiado por su potencial antioxidante y antiinflamatorio, aunque conviene recordar que se absorbe mejor cuando se combina con una pizca de pimienta negra. El limón aporta frescor, sabor y ese punto ácido que hace que la bebida resulte mucho más apetecible.
- Hierve agua con unas rodajas de jengibre fresco durante 10 minutos.
- Después, añade media cucharadita de cúrcuma, una pizca mínima de pimienta negra y deja reposar.
- Cuando esté templada, incorpora unas gotas de limón. En verano puedes guardarla en la nevera y tomarla con hielo, como si fuera una limonada especiada.
Es una opción ideal después de comer, cuando notas la digestión pesada, o a media tarde, si te apetece algo diferente sin recurrir a bebidas azucaradas. Eso sí, si tienes problemas digestivos importantes, tomas medicación anticoagulante, estás embarazada o tienes alguna patología, conviene consultar con un profesional antes de abusar de la cúrcuma o el jengibre.


