La papada aparece cuando menos te lo esperas y da igual si tienes 20, 40 o 60, si entrenas o si no. La provocan factores como la genética, la anatomía, la piel fina, o la grasa localizada… y sí, también es mirar el móvil como si estuviéramos buscando oro en el suelo. Y aunque las redes están llenas de masajes, ejercicios y trucos caseros para reducir papada y mejorar la flacidez de la zona, la realidad es que la mayoría no hacen gran cosa.
La buena noticia es que la medicina estética ha entrado en modo upgrade y ya existe una forma eficaz, segura y mínimamente invasiva de reducir la papada y redefinir el cuello sin pasar por quirófano. El Dr. Sergio Quintero, director de Elegance Medical y pionero en España en el uso del láser Endolift, explica que ya no se trata de disimular la papada, sino de tratar la causa real del descolgamiento y la grasa acumulada.
La papada no es cuestión de edad ni de peso
La papada tiene muy mala fama, pero en realidad su aparición tiene una lógica. El cuello es una de las zonas más delicadas del cuerpo, su piel es más fina que la del rostro, tiene menos glándulas sebáceas y se regenera peor. Eso significa que pierde colágeno antes, se descuelga antes y muestra flacidez antes. Y cuando esa flacidez se combina con grasa submentoniana, que es la que se acumula justo debajo de la barbilla, aparece el famoso doble mentón.
El Dr. Quintero insiste en que esta grasa no siempre está relacionada con el peso. La genética, la forma de la mandíbula y la estructura ósea influyen muchísimo. A eso se suman los hábitos del día a día: mirar el móvil hacia abajo, trabajar horas frente al ordenador, tensar el cuello sin darnos cuenta, los cambios hormonales, las variaciones de peso… Todo suma. Y todo se nota.
Por eso la papada no es solo lo que algunos llaman un problema estético, es una consecuencia natural de cómo está hecha esta zona y de cómo la usamos.
Lo que no funciona (aunque TikTok diga que sí)
Antes de hablar de soluciones reales, hay que desmontar algunos mitos. Los ejercicios faciales pueden tonificar un poco, pero no eliminan grasa ni tensan piel flácida. Las cremas “lifting” mejoran la hidratación y la textura, pero no remodelan estructuras profundas. Los masajes drenantes caseros ayudan a desinflamar y drenar, pero no reducen papada real. Y las posturas imposibles para dormir o trabajar no van a cambiar tu anatomía.
No es que todo esto sea inútil, simplemente no actúa donde está el origen del problema. Si la papada aparece por una combinación de grasa localizada y flacidez, necesitas algo que llegue a las capas profundas del tejido. Y ahí es donde entra la tecnología.

El láser que redefine el cuello desde dentro
La medicina estética ha encontrado una forma de tratar y reducir la papada que no implica bisturí, ni cicatrices, ni semanas de recuperación. El Dr. Quintero trabaja con un protocolo avanzado basado en Endolift, un láser que actúa desde dentro del tejido para remodelar, tensar y mejorar la calidad de la piel.
El tratamiento se divide en dos fases. La primera utiliza Endolift®, que introduce energía láser en los planos profundos de la piel y el tejido subcutáneo. Ese estímulo térmico activa los fibroblastos, las células que producen colágeno y elastina, y provoca una retracción progresiva del tejido. Es decir, tensa desde dentro y reduce la grasa localizada al mismo tiempo.
La segunda fase utiliza láser CO₂ fraccionado, que trabaja en la superficie. Esta parte afina arrugas finas, mejora la textura, unifica el tono y potencia el resultado global. La combinación de ambas tecnologías consigue que la piel recupere densidad, firmeza y un aspecto más terso y luminoso. Y lo mejor: el resultado es natural, sin efecto “cara tirante”.
Si aún no quieres láser, estos hábitos sí ayudan
Si no te apetece pasar por consulta, hay pequeños gestos que pueden reducir papada y mejorar cómo se ve tu cuello. El más básico es hidratarlo igual que el rostro, la piel de esta zona es más fina y se marca antes, así que necesita más mimos. También la postura influye muchísimo; pasamos el día mirando el móvil hacia abajo y ese gesto repetido favorece pliegues y descolgamiento. Levantar un poco la pantalla y mantener la barbilla paralela al suelo cambia más de lo que parece.
Los masajes pueden ser un buen complemento, siempre que tengamos claro su papel real. No eliminan grasa ni tensan la piel, pero sí ayudan a drenar, desinflamar y que la zona se vea más “despierta”. Un masaje suave hacia arriba, desde la clavícula hasta la mandíbula, aporta un efecto más definido, aunque no modifique la estructura del cuello.
Y luego está el imprescindible absoluto: el protector solar. El sol acelera la flacidez más que cualquier otra cosa, y el cuello suele ser el gran olvidado. Aplicar SPF cada mañana y evitar cambios bruscos de peso ayuda a que la piel se mantenga firme durante más tiempo. Estos hábitos no sustituyen un tratamiento médico, pero sí mejoran la calidad de la piel y hacen que cualquier resultado futuro dure más.


