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Se estrena la miniserie sobre Carolyn Bessette y analizamos su belleza effortless (y timeless)

Es, sin duda alguna, uno de los iconos de moda y belleza más fascinantes de los años 90. Y esta temporada vuelve a ser actualidad gracias a la miniserie Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette, disponible en Disney+. ¿El responsable tras la recreación de la trágica historia de amor de una de las parejas más emblemáticas de la historia más reciente? El prolífico Ryan Murphy, cómo no.

Carolyn Bessette trabajaba para la firma Calvin Klein, tras una corta etapa como modelo, cuando conoció a John John. El único hijo del fallecido presidente John F. Kennedy y de Jackie Onassis, era un joven atlético y atractivo, a la vez que impetuoso y desafiante. Se suponía que se dedicaría a la abogacía, pero en lugar de eso fundó una lustrosa revista política llamada George. Antes de ello, tuvo una larga relación sentimental con la actriz Daryl Hannah y… affaires con Sarah Jessica Parker o incluso Madonna. Era muy atractivo, pero su carácter… resultaba bastante complejo.

Carolyn Bessette fue pareja de John Kennedy Jr. en los años 90 y se convirtió en uno de los iconos de belleza de la década.
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John John poseía un gran carisma público y una fuerte necesidad de forjar su propia identidad al margen de la dinastía Kennedy. Sin embargo, al mismo tiempo era muy celoso de su privacidad. Por ello y desde el principio, con Carolyn mantuvo una relación apasionada pero tumultuosa. Durante el noviazgo ella se convirtió en un icono de estilo, pero fue acosada por la prensa incesantemente. Y ello aumentó la tensión. Aún así, se casaron en 1996. Su matrimonio estuvo siempre marcado por los rumores de inestabilidad. Hasta que un fatal accidente aéreo puso fin a sus vidas en 1999.

Las dos claves beauty de Carolyn Bessette

Carolyn Bessette, al vestir por el día, triunfó con un estilo effortless propio de una auténtica newyorker en los 90s. De noche, los looks minimalistas de su diseñador de cabecera (e íntimo amigo) Narciso Rodriguez reafirmaron su status de it girl (al igual que sus outfits de Prada o Yohji Yamamoto). En lo que respecta a su belleza innata, se convirtió en el epítome del popular «less is more» en esa década. En ocasiones, usaba una base en tono neutro y algún tono anaranjado en los labios. Aparte de lucir siempre las populares cejas skinny noventeras. Sin embargo, hay dos aspectos que desentonaban (a propósito) con su habitual costumbre de, apenas, usar maquillaje y, a menudo, ir con la cada lavada durante el día.

Por una parte, su colección de labiales rojos en todos los tonos y tamaños era infinita. Para acudir a eventos utilizaba lipsticks que iban del granate al escarlata. Y, de este modo, convirtió sus impactantes red lips en una seña de identidad que ha perdurado hasta el día de hoy. En segundo lugar, su cabello platino era inconfundible, aunque ella era morena natural. Carolyn tiñó su melena lacia de rubio con mechones buttery, es decir, color mantequilla. Y según su colorista Brad Johns, lo hizo con la intención de «lucir un pelo similar al de una niña después de un día de playa». ¿Lo consiguió? Probablemente.

Así pues, con tan solo dos elementos que resaltaban poderosamente en un rostro a modo de lienzo en blanco, Carolyn Bessette consiguió convertirse en un icono de belleza intemporal. Su capacidad para atraer miradas y convertirse en el centro de atención era indiscutible. Algo que, por desgracia, le pasó factura tanto a ella como a su controvertida relación con John John. Y después… sucedió la tragedia. A día de hoy, su personal estilo como ejemplo de elegancia moderna y sencilla a partes iguales continúa vigente. Y protagoniza cuentas en Instagram con miles de seguidores como el perfil ficticio @carolynbessette. Es obvio que la miniserie en torno a su love story todavía va a encumbrar más su figura. ¿Alguien lo pone en duda?

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