Cuando pensamos en envejecimiento de la piel, seguramente lo primero que nos viene a la cabeza son los años. Y sí, el paso del tiempo tiene mucho que decir, pero no actúa solo. La radiación solar, determinados movimientos repetidos, una mala rutina de limpieza o incluso algunos gestos que hacemos prácticamente en piloto automático también pueden terminar reflejándose en el rostro.
«Hay factores que no podemos controlar, como el envejecimiento cronológico, pero sí podemos intervenir sobre muchos de los que forman parte de nuestro día a día. Y ahí es donde una buena prevención puede marcar una diferencia», explica Amanda Isabel Gonçalves, farmacéutica y experta en dermofarmacia de Planet Skin. De hecho, la experta considera que «la protección solar es uno de los pilares fundamentales para prevenir el envejecimiento prematuro de la piel». Pero hay más hábitos que merece la pena revisar. ¡Toma nota!
Hábitos que aceleran el envejecimiento de la piel
Dormir siempre sobre el mismo lado
Tenemos nuestro lado favorito de la cama y, aparentemente, también de la almohada. «Al dormir de lado o boca abajo, algunas zonas del rostro permanecen comprimidas durante horas y pueden aparecer las llamadas arrugas del sueño. Durante estas posiciones se producen fuerzas de compresión y deformación sobre la piel», cuenta la farmacéutica. «Más que obsesionarnos con cambiar de postura de un día para otro, interesa cuidar especialmente la hidratación y no olvidarnos del cuello, una zona que muchas veces dejamos fuera de la rutina», advierte.

Respirar habitualmente por la boca
Si ocurre de forma puntual porque estás resfriada, poco hay que hacer. Otra cosa es respirar por la boca de manera habitual, especialmente mientras duermes. “Cuando se convierte en algo recurrente, la musculatura de la zona inferior del rostro permanece más relajada y puede influir en cómo se perciben sus contornos. Con el tiempo, la mandíbula puede verse menos definida, los pliegues nasolabiales más marcados y la zona bajo el mentón algo más evidente”, cuenta la experta. “Más allá de la parte estética, si la respiración bucal es frecuente conviene averiguar qué la está provocando, ya que puede estar relacionada con dificultades para respirar correctamente por la nariz”, añade.
Repetir constantemente algunas expresiones faciales
No, esto no significa que tengas que dejar de sonreír –sería probablemente el consejo beauty más triste que podríamos darte–. Pero «los movimientos musculares repetidos participan en la formación de las arrugas de expresión. Fruncir constantemente el ceño, tensar la frente o levantar mucho las cejas hace que la piel se pliegue una y otra vez en las mismas zonas y, con el paso del tiempo, esas líneas pueden acabar siendo más visibles incluso cuando el rostro está relajado», cuenta la farmacéutica y portavoz de Planet Skin.
La clave no está en controlar cada gesto frente al espejo, sino en detectar esas expresiones que repetimos casi sin darnos cuenta, sobre todo en momentos de concentración, estrés o cansancio. «No se trata de dejar de gesticular, sino de evitar mantener una tensión innecesaria en zonas como la frente o el entrecejo. Son pequeños hábitos que repetimos muchas veces al día y que, con los años, pueden contribuir a que las líneas de expresión se marquen más», aconseja Amanda Isabel Gonçalves.
Irte a dormir sin limpiarte la cara
Este sí es uno de esos hábitos que conviene desterrar cuanto antes. Hay noches en las que quitarse el maquillaje da una pereza enorme, pero acostarse sin limpiar bien la piel no debería convertirse en costumbre. «A lo largo del día se van acumulando restos de maquillaje, protector solar, grasa, sudor, contaminación y otras impurezas que conviene retirar antes de dormir», dice la farmacéutica. «Por la noche es importante dejar la piel limpia para eliminar todo lo que se ha ido depositando sobre ella durante el día. No hace falta utilizar fórmulas agresivas, sino un limpiador que respete la barrera cutánea y deje la piel confortable», explica Amanda Isabel Gonçalves.
«Yo siempre recomiendo hacer una doble limpieza por la noche, sobre todo si has llevado maquillaje o protector solar. Sin duda, es lo mejor que nos ha dejado la K-Beauty. El primer paso ayuda a retirar los restos más grasos y resistentes, mientras que el segundo termina de limpiar la piel y eliminar las impurezas que hayan podido quedar. No se trata de limpiar más fuerte, sino de hacerlo mejor y de forma respetuosa con la barrera cutánea», añade la experta.

Masticar prácticamente siempre por el mismo lado
Es uno de esos gestos que hacemos sin pensar y que muchas veces ni siquiera detectamos. Si siempre masticas por el mismo lado, esa parte de la musculatura facial trabaja más que la otra y, con el tiempo, puede favorecer pequeñas asimetrías en el rostro. «Lo ideal es intentar alternar ambos lados al masticar. Y si te das cuenta de que siempre recurres al mismo porque el otro te resulta incómodo o te molesta, conviene revisar si existe algún problema dental que esté haciendo que evites esa zona», explica la nutricionista Berta Grutzmann, experta en nutricosmética de Planet Skin. No se trata de obsesionarse con cada bocado, sino de prestar un poco más de atención a un hábito que repetimos varias veces al día casi de forma automática.
Pasarte horas mirando el móvil con la cabeza agachada
Pasamos muchísimo tiempo mirando el móvil y casi siempre lo hacemos con la cabeza inclinada hacia abajo. Ese gesto repetido favorece lo que se conoce como cuello tecnológico o tech neck, es decir, esas líneas horizontales del cuello que pueden hacerse cada vez más visibles con el tiempo. «Más que mirar el móvil en sí, el problema está en mantener durante muchas horas una postura encorvada y el cuello flexionado. Esa tensión constante puede hacer que los pliegues de la zona se marquen más y que el cuello pierda definición», explica Amanda Isabel Gonçalves.
La solución es bastante sencilla, aunque cuesta ponerla en práctica: «Intentar subir el móvil a la altura de los ojos, corregir la postura siempre que te acuerdes y no olvidar que la rutina facial también debería bajar hasta el cuello y el escote. Son dos zonas que muchas veces dejamos fuera hasta que empiezan a aparecer los primeros signos de envejecimiento», aconseja la farmacéutica.

Reservar el protector solar únicamente para la playa
De todos los hábitos de esta lista, este es el que tiene menos discusión. La radiación ultravioleta es uno de los grandes responsables del fotoenvejecimiento, que puede manifestarse con arrugas, manchas, pérdida de elasticidad y alteraciones en la textura de la piel.
«Creo que el K-Beauty ha contribuido mucho a que entendamos la fotoprotección de otra manera. En Corea del Sur, el protector solar lleva años formando parte de la rutina diaria y eso también ha impulsado fórmulas mucho más ligeras, agradables y fáciles de reaplicar. Poco a poco hemos dejado de asociarlo únicamente con la playa o el verano para entender que debería acompañarnos durante todo el año. De poco sirve tener una rutina antiedad muy completa si después descuidamos uno de los pasos más importantes para prevenir el fotoenvejecimiento», concluye la farmacéutica y portavoz de Planet Skin.


