De todas las protagonistas del peliculón del verano, La Odisea, Zendaya ha sido la que más partido ha sacado en las premieres del film en Londres y París. ¿Nos extraña? En absoluto. Pero claro, junto a ella asistieron compañeras de reparto como Charlize Theron, Anne Hathaway y Lupita Nyong´o. Ahí queda eso. Aparte de sus increíbles outfits elegidos por su estilista Law Roach (incluyendo un key look de Schiaparelli que viajó en primera clase del Eurostar desde la Alta Costura parisina hasta Londres para que lo luciera la actriz), hay que destacar sus acertadísimos maquillajes.

Tras ellos, el makeup artist Ernesto Casillas (arriba, en la imagen) y una firma de cosmética que en VIBE adoramos: Charlotte Tilbury. ¿El resultado de este acertado tándem beauty? Dos lecciones magistrales interpretando un mismo personaje. Cuando una gira promocional consigue marcar tendencia en maquillaje es porque existe una narrativa detrás. En el caso de Zendaya y la promoción de La Odisea, el citado maquillador ha concebido dos propuestas que dialogan entre sí. Ambas se inspiraron en Atenea, la diosa griega a la que interpreta la actriz. Y aunque ambas parten de una piel luminosa y etérea, representan dos maneras muy distintas de entender la belleza contemporánea.
Londres: la belleza celestial de una diosa marmórea
En la premiere londinense, Casillas apostó por un maquillaje casi escultórico, donde la piel se convierte en el auténtico lienzo. El objetivo no era crear un rostro intensamente maquillado, sino conseguir un acabado que evocara el brillo de una escultura clásica iluminada por la luz. La tez presentaba una luminosidad estratégica, trabajada con iluminadores de acabado húmedo aplicados únicamente en los puntos altos del rostro. El contorno era prácticamente imperceptible y el rubor aparecía muy difuminado, aportando un efecto de piel viva sin restar protagonismo al conjunto.

Sin embargo, la gran protagonista fue la mirada. En lugar de recurrir al clásico delineado gráfico o a un ahumado intenso, Casillas colocó una sombra blanca nacarada concentrada en el lagrimal y el primer tercio del párpado, creando un halo de luz que abría completamente los ojos. El resto del párpado permanecía extremadamente limpio, con pestañas largas y ligeras que potenciaban el efecto etéreo. El resultado recordaba más a una divinidad griega que a un maquillaje tradicional de alfombra roja. Y los labios, ligeramente rosados y satinados, terminaron de reforzar esa sensación de belleza casi sobrenatural.
París: el romanticismo helado del tono azul pastel
Si Londres representaba la pureza luminosa del mármol, en París se introdujo un componente mucho más artístico. La piel seguió luciendo fresca, radiante y muy natural, pero el protagonismo recayó ahora sobre una delicada tonalidad azul hielo aplicada en el párpado móvil. Lejos del dramatismo de los años ochenta, el color pareció casi translúcido, difuminado hasta fundirse con la piel, aportando un matiz frío que recordaba al cielo o al reflejo del agua.

Respecto al rubor, adquirió un tono rosa ligeramente más evidente que en Londres, equilibrando eficazmente la temperatura fría de los ojos. Mientras que las pestañas mantenían una definición elegante, sin excesivo volumen. Por último, se continuó manteniendo un perfil labial discreto, con acabado natural y apenas satinado, una decisión que permitió que la citada sombra azul se convirtiera en el verdadero foco visual.
¿Existen claves técnicas que unen ambos maquillajes? Pues sí. Más allá de las diferencias cromáticas ya comentadas, Ernesto Casillas mantuvo una misma filosofía estética en ambos eventos promocionales. Estos son los elementos que conectan las dos apariciones divinas que Zendaya nos ha regalado en pleno verano:
- Una piel extremadamente luminosa, sin exceso de cobertura.
- Un contorno muy suave y casi invisible.
- Un rubor integrado en la piel, nunca protagonista.
- Unas cejas naturales y ligeramente peinadas.
- Unos labios hidratados con acabado satinado sutil.
- Un único punto de impacto visual: la mirada.
Resumiendo, ambos maquillajes lanzan un mensaje claro: doble adiós al exceso de contouring y al minimalismo extremo de la estética clean girl. En su lugar regresan las sombras luminosas, los colores etéreos y los acabados que convierten el maquillaje en una herramienta narrativa capaz de acompañar la moda y el personaje. Los beauty looks de celebrities como Zendaya en Londres y París presentando La Odisea demuestran que el maquillaje vuelve a reivindicar la creatividad. Pero desde una sofisticación extremadamente refinada, donde cada destello de luz y cada matiz cromático tienen un propósito.


