El perfume ya no es solo una cuestión de estilo: también puede ser una herramienta para modular el estado de ánimo. En un momento en el que el bienestar emocional se ha convertido en prioridad, las neurofragancias llegan para unir ciencia, sensorialidad y emociones. Aromas que prometen relajarte, darte un chute de energía o incluso reforzar la confianza. Pero ¿qué hay realmente detrás de esta tendencia? ¿Es magia, marketing o neurociencia aplicada? Hablamos con la perfumista Anna Jaramillo, directora técnica de CPL Aromas, para entender cómo funcionan estos perfumes que quieren ir un paso más allá.
¿Qué son exactamente las neurofragancias y por qué están en boca de todos?
¿Qué son las llamadas neurofragancias? Las neurofragancias son, en esencia, perfumes diseñados para influir en el estado de ánimo. Anna Jaramillo nos lo explica: «Son fragancias que tienen un efecto científicamente demostrado sobre el estado de ánimo de las personas». Esto significa que no se basan en intuiciones, sensaciones subjetivas o promesas vagas. Son fórmulas creadas para provocar una respuesta emocional concreta y medible.
La clave está en el olfato: es el único sentido que conecta directamente con el sistema límbico, la zona del cerebro que gestiona emociones, recuerdos y reacciones instintivas. Por eso un aroma puede relajarte, activarte o transportarte a un momento concreto de tu vida. Las neurofragancias aprovechan esta conexión para diseñar perfumes que no solo huelen bien, sino que «hacen algo» en ti. Y ahí está su magia… y su ciencia.
De la aromaterapia ancestral a la neurociencia moderna
Aunque el término ’neurofragancia’ suene a laboratorio futurista, su raíz es muy antigua. «Hace siglos que existe la aromaterapia; la sabiduría popular ha empleado los aceites esenciales por sus beneficios observados a lo largo de los años», recuerda Jaramillo. La diferencia está en la evidencia. La aromaterapia tradicional se basa en la experiencia acumulada, pero «es muy difícil encontrar estudios con base científica que apoyen estos beneficios».
Ahí entra la tecnología Aromawellness de CPL Aromas, que combina neurociencia, mediciones y tests con un gran número de panelistas. El objetivo: comprobar si una fragancia provoca realmente el efecto emocional que promete.
Es un proceso que mezcla intuición perfumista con rigor científico: primero se estudian las notas olfativas asociadas a cada emoción, luego se crean varias propuestas y finalmente se testan hasta encontrar las que demuestran el beneficio buscado. Es perfumería, sí, pero también es investigación, estadística y neurociencia aplicada.
Las emociones que pueden despertar: del relax al optimismo (y la confianza)
Las neurofragancias no se limitan a «oler bien»: buscan activar emociones concretas. Jaramillo menciona algunas de las más habituales: «relax, alerta, felicidad u optimismo». Y sí, también pueden transmitir calma, energía o incluso confianza. «El relax y la calma son esa emoción que buscamos cuando necesitamos bajar de revoluciones y volver a encontrar el equilibrio», explica.
La alerta, por su parte, es clave para actividades que requieren concentración, como estudiar o conducir. Y la confianza, según la experta, «va íntimamente ligada a un estado de felicidad y optimismo. Cuando nos sentimos felices y positivos somos más capaces de salir a comernos el mundo con confianza».
En otras palabras: hay un aroma para cada mood, para cada momento del día y para cada versión de ti misma. Perfumes que funcionan casi como un botón emocional. Como estas fragancias que podemos encontrar en el mercado y que son irresistibles:

Star Confidence, de Charlotte Tilbury: Una fragancia floral que arropa suavemente y que favorece la confianza. Absoluto de grosella negra, jazmín sambac, pachuli, musgo… son notas son absolutamente adictivas.

Can’t Get Enough, de Initio: Un perfume seductor y que despierta una verdadera obsesión. Notas de caramelo y vainilla que danzan saltarinas entre acordes cítricos y especias voluptuosas. Una experiencia sensorial que atrapa.

Kurky, de Francis Kurkdjian: Es la fragancia más emocional y juguetona de Francis Kurkdjian, un estallido gourmand de almizcles cremosos y acorde tutti frutti que despierta optimismo y asombro. Es un perfume que invita a reconectar con el niño interior y a ver la vida en color.
Del concepto abstracto al acorde olfativo
Convertir una emoción en un aroma no es tan simple como añadir «un ingrediente que relaja» o «una nota que activa». Jaramillo lo deja claro: «Las fragancias Aromawellness actúan como un todo, no obtienen su beneficio en base a un ingrediente concreto».
El proceso empieza con los expertos en neurociencia, que investigan qué notas olfativas están más asociadas a cada estado de ánimo. A partir de ahí, los perfumistas crean una batería de fragancias que después se testan con panelistas hasta encontrar las que demuestran científicamente el efecto buscado.
Es un trabajo de precisión: cada acorde, cada matiz, cada combinación cuenta. No se trata de un ingrediente estrella, sino de la armonía completa. Así, una emoción abstracta —como la calma o la alerta— se convierte en una experiencia olfativa concreta, medible y repetible. Una emoción embotellada.
Cómo esta tendencia puede transformar la perfumería
Lo cierto es que el auge de las neurofragancias no es mera casualidad. «Cada vez más los consumidores buscan fragancias con beneficios añadidos porque hay una aproximación más holística al bienestar», señala Jaramillo.
Ya no queremos perfumes que solo huelan bien: queremos que nos acompañen emocionalmente, que nos ayuden a regular el día, que nos aporten calma o energía según lo que necesitemos. Somos más conscientes de la conexión entre mente y cuerpo, y de cómo un aroma puede influir en nuestro estado de ánimo.
Esta tendencia apunta a una perfumería más funcional, más emocional y más científica. Una perfumería que no solo perfuma, sino que transforma. Y que, probablemente, marcará el futuro del sector, y si no, tiempo al tiempo.


