Utilizar un SPF alto ya no es suficiente para hablar de una fotoprotección completa. La investigación dermatológica ha ampliado el concepto de protección solar y hoy el foco está en la fotoprotección solar avanzada: fórmulas capaces de ofrecer una defensa más global frente a las distintas radiaciones que afectan a la piel. Pero una protección eficaz no depende solo del producto, sino también de elegir el fotoprotector adecuado y, sobre todo, utilizarlo correctamente.
Porque, aunque la protección solar forma parte de nuestras rutinas durante todo el año, todavía cometemos errores que pueden reducir considerablemente su eficacia: desde aplicar menos cantidad de la necesaria hasta olvidarnos de reaplicar o confiar únicamente en el número que aparece junto a las siglas SPF.
¿Qué diferencia entonces a un protector solar convencional de lo que los expertos denominan fotoprotección avanzada? Para entender qué debemos buscar en una fórmula, cómo adaptarla a nuestra piel y cuáles son los errores que todavía repetimos, hablamos con la Dra. Corredera, dermatóloga del Instituto Médico Ricart (IMR).

La fotoprotección solar avanzada es mucho más que un SPF alto
El SPF es solo una parte de la ecuación. Una fotoprotección avanzada busca ofrecer una defensa global frente a las distintas radiaciones que pueden afectar a la piel. Hoy los especialistas recomiendan ir más allá del SPF y buscar fórmulas que ofrezcan una protección más completa frente a la radiación UVB y UVA y que tengan en cuenta también los efectos de la luz visible y la radiación infrarroja, además de incorporar antioxidantes capaces de combatir el estrés oxidativo generado por la exposición solar.
«La protección ya no se valora solo por el número de SPF. Buscamos fórmulas que ofrezcan una cobertura global y que se adapten a las necesidades de cada tipo de piel», señala la especialista.
Por eso, la elección del fotoprotector debe ser personalizada: las pieles con tendencia acneica requieren texturas ligeras y no comedogénicas; las pieles maduras necesitan fórmulas más nutritivas y con antioxidantes; mientras que quienes presentan melasma o manchas se benefician especialmente de protectores con color y alta protección frente a la luz visible.

Sun Protect Antiox de Beauté Mediterranea

Protector solar Photo Reverse, especialmente formulado para pieles hiperpigmentadas, de Institut Esthederm

Protector solar con color UVA, UVB, IR, antipolución y enriquecido con ácido hialurónico de Laboratorios Babé

Ultra Light Sun Fluid FPS 50, UVB+UVA, enriquecido con Niacinamida y Vitamina E, de Kueshi
Radiación ultravioleta: el enemigo invisible de la piel
Entender por qué necesitamos una protección más completa pasa también por conocer cómo actúa la radiación sobre la piel. Y uno de los primeros conceptos que conviene desterrar es la idea del bronceado como sinónimo de una piel saludable: en realidad, se trata de un mecanismo de defensa frente a la radiación ultravioleta. El aumento de color indica que la piel está produciendo más melanina para intentar proteger el ADN de las células frente a la radiación ultravioleta, lo que significa que el daño ya ha comenzado, aunque no exista una quemadura visible.
Pero la exposición no se limita a los días de playa o piscina. En el día a día la piel acumula radiación durante actividades cotidianas que, aunque pasen desapercibidas, contribuyen al daño solar a largo plazo.
«Muchas veces el daño solar se produce sin que la persona sea consciente. No hace falta estar tomando el sol en la playa para que la piel reciba radiación; también ocurre al conducir, pasear o realizar actividades cotidianas al aire libre», explica la Dra. Corredera.

Los errores que más se repiten
Contar con un buen fotoprotector sirve de poco si no lo utilizamos correctamente. Y aunque cada vez existe una mayor concienciación sobre los efectos de la radiación solar, algunos errores siguen repitiéndose y pueden comprometer la protección.
Aplicar menos cantidad de la necesaria, no reaplicarlo cada dos horas durante una exposición intensa, olvidar zonas como las orejas, el cuello o el dorso de las manos, o pensar que un SPF alto permite permanecer más tiempo al sol son algunos de los fallos más habituales.
La prevención es el mejor tratamiento
Una fotoprotección eficaz no depende únicamente del producto que utilizamos, sino de una estrategia adaptada a nuestra piel, nuestros hábitos y nuestro nivel de exposición. En IMR ponen el foco precisamente en esa prevención personalizada. Además de adaptar la rutina cosmética y el fotoprotector al tipo de piel y al estilo de vida de cada paciente, los especialistas valoran factores de riesgo como el fototipo, los antecedentes dermatológicos o la presencia de lesiones pigmentadas para establecer un seguimiento individualizado.
Cuando el daño solar ya es visible, la medicina estética permite mejorar parte de sus consecuencias mediante protocolos que combinan cosmética médica, fotoprotección adaptada y tecnologías como los láseres fraccionales. El objetivo no es únicamente recuperar una piel más uniforme y luminosa, sino también contribuir a reducir el impacto del daño solar acumulado sobre la salud cutánea.
Porque, como concluye la Dra. Corredera, «una piel bonita es también una piel sana, y la mejor estrategia para conservar ambas cosas sigue siendo protegerla todos los días del año».


