Si has pasado más de cinco minutos en TikTok o Instagram últimamente, seguro que te has topado con vídeos de migraciones, pómulos imposibles, labios que parecen tener vida propia y advertencias tipo «¡no te pongas nada en la cara!». El ácido hialurónico, que durante años fue el rey absoluto de la medicina estética, ahora vive su propio ‘cancel moment‘. Pero ¿es para tanto? ¿De verdad hay que tenerle miedo?
La doctora Beatriz Beltrán, especialista en medicina interna, medicina estética y nutrición, y experta en armonización facial de IMR, lo tiene claro, el problema no es el producto, sino cómo se ha usado, y aclara cuáles son los mitos y verdades sobre el ácido hialurónico.
¿De dónde nace este miedo colectivo?
La conversación estética ha cambiado radicalmente. Lo que antes se veía como un retoque sutil ahora se asocia a excesos, malas prácticas y resultados que se viralizan más por el susto que por la técnica. La doctora Beltrán de IMR explica que: «el ácido hialurónico no es el problema; el problema ha sido, en algunos casos, cómo y para qué se ha utilizado. Cuando se emplea sin criterio médico, en exceso o con objetivos equivocados, es lógico que se genere rechazo. Pero bien indicado, en dosis adecuadas y con un enfoque global del rostro, sigue siendo una herramienta segura y eficaz».
Y es que muchas de las imágenes que hoy circulan por redes pertenecen a técnicas antiguas, enfoques extremos o tratamientos sin diagnóstico previo. La doctora señala que: «la tendencia actual es clara: menos volumen, más estrategia y una mirada global del rostro. El ácido hialurónico bien utilizado no deforma, no migra y no envejece el rostro; al contrario, puede ayudar a mantener la calidad de los tejidos y retrasar tratamientos más invasivos». El problema no es el ácido hialurónico. El problema es usarlo como si fuera plastilina.
Mitos y verdades del ácido hialurónico
La doctora Beltrán desmonta uno a uno los miedos más virales. Y sí, algunos te van a sorprender:
1. «El ácido hialurónico deforma la cara»: Falso
Este es el mito estrella. Pero no, el ácido hialurónico no deforma nada por sí mismo. «Cuando se respeta la anatomía, se utilizan cantidades adecuadas y se elige el producto correcto, el resultado es natural y armónico», aclara Beltrán.
Los casos que vemos en redes suelen ser consecuencia de excesos, técnicas obsoletas o falta de diagnóstico. El producto no es el villano; el abuso, sí. Y sí, esos pómulos XXL que te salen en el feed no son un efecto secundario, son mala praxis.
2. «Todos los rellenos migran»: Falso
La migración no es un destino inevitable. «Puede producirse en situaciones concretas, pero suele estar vinculada a una técnica incorrecta, a una cantidad excesiva o a una mala indicación del tratamiento», explica.
La clave está en el plano anatómico, la cantidad y el tipo de ácido hialurónico. No todos los productos son iguales, y sus propiedades (cohesividad, elasticidad…) importan, y mucho.

3. «El ácido hialurónico sirve para todo»: Falso
La realidad es que no todo se soluciona con rellenos. «No sirve para todo, es solo una herramienta más dentro de la estrategia de rejuvenecimiento facial», advierte la doctora.
Intentar corregir flacidez rellenando en exceso es lo que genera esos rostros ‘inflados’ que tanto miedo dan. Para arrugas de la frente: neuromoduladores. Para la flacidez: radiofrecuencia médica. Si hay que corregir volumen: ácido hialurónico. Cada técnica tiene su función.
4. «Los rellenos no desaparecen del todo»: Media verdad
Sí, el ácido hialurónico es reabsorbible. Pero no siempre desaparece al 100 % ni de forma inmediata. «Con el tiempo puede dejar un residuo tisular debido a la estimulación de colágeno, a la integración del producto en los tejidos o a tratamientos repetidos», explica Beltrán. Esto no es malo per se, pero sí significa que hay que planificar, medir y no sobretratar.
5. «El ácido hialurónico provoca problemas a largo plazo»: Falso
Como cualquier procedimiento médico, puede tener efectos adversos. Pero eso no significa que sea peligroso. «La seguridad no está en el producto, sino en quién lo indica y cómo se utiliza», recuerda la doctora. Traducción: no te pongas en manos de cualquiera.
6. «La grasa es siempre mejor que el ácido hialurónico»: Falso
La transferencia de grasa está de moda, sí. Pero no es un sustituto universal. «Son herramientas distintas, con indicaciones distintas. No se trata de elegir una u otra, sino de saber cuándo usar cada una», explica. No es una batalla. Es un menú de opciones.
7. «Si ya me he puesto rellenos, no puedo hacerme otros tratamientos»: Falso
Este miedo es muy común. «Haber recibido ácido hialurónico no supone un riesgo en sí mismo, siempre que se sepa qué producto se ha utilizado, en qué cantidad y en qué plano», señala Beltrán. Y si no lo sabes, existe la ecografía facial para localizarlo. Tecnología al rescate.
Menos volumen, más criterio
La medicina estética está viviendo su propio plot twist. Ya no se trata de rellenar, sino de armonizar, prevenir y acompañar el envejecimiento de forma natural. La doctora Beltrán indica que: «la estética ya no va de rellenar, sino de armonizar, prevenir y acompañar el envejecimiento de forma natural». Y añade un recordatorio necesario en plena era del pánico estético: «El ácido hialurónico sigue siendo una herramienta segura y eficaz cuando se utiliza con criterio. El verdadero riesgo no está en el producto, sino en perder el sentido común».
Una vez al descubierto los mitos y verdades del ácido hialurónico ya puedes decidir, y no desde el miedo, acerca de los rellenos.


