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¿Eres una ‘short-sleeper’? Una experta te descubre si le estás robando horas a tu salud

La calidad de sueño a la hora de dormir es fundamental y cuidad de ella se ha convertido en uno de los ámbitos más desarrollados del actual wellness. El fomento de la cultura del bienestar es ya una constante que, menos mal, no decae, sino todo lo contrario. Y una de sus prioridades es, sin duda alguna, recordar lo importante que es dormir bien. Por eso, un concepto como short sleeper no encaja en un panorama que, habitualmente, reivindica ocho horas de descanso… como mínimo.

En la era de la hiperconectividad, el sueño se ha convertido en la variable de ajuste. Influencers y líderes de opinión presumen de jornadas de actividad que llegan a ocupar 19 horas, alimentando el mito del short sleeper, es decir, de una persona que duerme poco. Sin embargo, la ciencia al respecto es muy clara: para el 99% de la humanidad, reducir el descanso a 4 o 5 horas no es sinónimo de optimización, es más bien una privación crónica con consecuencias neurológicas reales.

Cuando ser una short sleeper no siempre es una virtud

Para la experta en patología del sueño Sofía Rodríguez Moroder esta narrativa es bastante peligrosa: «El cerebro es un maestro del engaño. Cuando le robamos horas al sueño, perdemos la capacidad de juzgar nuestro propio deterioro. Es como un conductor con exceso de alcohol que asegura estar sobrio. Su percepción dice que está al 100%, pero sus reflejos y su salud sistémica están bajo mínimos».

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La citada experta destaca que, durante el sueño, se activa un proceso químico esencial de limpieza cerebral que simplemente no se produce cuando dormimos menos de lo necesario. «Tú no lo notas, pero le estás pidiendo lo mismo a tu cuerpo con menos recursos. Es como darle menos gasolina y de peor calidad a un coche, pero exigirle la misma eficiencia. Cuando no dormimos lo suficiente, se acumulan sustancias como el cortisol y otros subproductos metabólicos que deberían eliminarse durante el descanso nocturno. Esa basura química no liberada tiene un impacto directo en la salud».

Además, la doctora también desmonta uno de los mitos más extendidos: la supuesta recuperación del sueño durante el fin de semana. Al respecto nos ha comentado lo siguiente: «Las horas que le robamos al sueño no se compensan simplemente durmiendo más dos días después. Es como si un día no comes y al siguiente decides comer el doble: no recuperas lo que tu cuerpo dejó de recibir en el momento en que lo necesitaba. Lo que el cuerpo padece y sufre, permanece. El déficit de sueño tiene efectos acumulativos que no se borran con un par de mañanas largas en la cama».

El test del 1%: ¿genética privilegiada o deuda acumulada?

Es cierto que existe una mutación genética real (asociada al gen DEC2) que permite a un grupo minúsculo de personas funcionar correctamente con muy pocas horas de sueño. Pero la pregunta clave es: ¿cómo se puede saber con certeza si perteneces a ese 1% o simplemente si estás forzando la máquina? Obviamente resulta complicado averiguarlo y, sobre todo, respetar al máximo una objetividad que resulta difícil de mantener intacta ante el asunto en cuestión.

La doctora Rodríguez Moroder propone una prueba de realidad basada en la autoobservación profunda, lejos de estímulos y exigencias externas: «Si haces un ejercicio real de relajación absoluta (sin tener que rendir cuentas a nadie, sin horarios, sin pantallas y conectado a prácticas de atención plena o meditación) y permites resetearte la pregunta es: ¿tu cuerpo te pide dormir 5 horas… o 9? Ahí está la respuesta». Teniendo en cuenta esto, la experta insiste en que no debe confundirse el hábito con la necesidad biológica: «Hay mucha gente que duerme poco igual que hay quien solo desayuna y cena. Eso es un hábito adquirido, no una necesidad fisiológica real. El cuerpo se acostumbra a sobrevivir con menos, pero no significa que funcione mejor».

La meditación es una buena opción para descubrir si se es una auténtica short sleeper o no.
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Es un hecho constatado que la verdadera referencia aparece cuando el organismo entra en estados profundos de regulación del sistema nervioso: «Cuando una persona alcanza un estado real de relajación (vinculado a la meditación, la respiración consciente o la atención plena) es cuando el cuerpo expresa su necesidad auténtica de descanso. Si en ese contexto siente que no necesita más horas de sueño, podría existir una base genética. Pero si al soltar la carga mental el cuerpo se desploma y necesita muchas más horas, lo que hay es una deuda de sueño acumulada».

La limpieza cerebral: una tarea que no admite recortes

Así pues, dormir no es un lujo, es el momento en que el sistema glinfático realiza la «limpieza de residuos» del cerebro, eliminando toxinas asociadas al Alzheimer y otras enfermedades. Al dormir solo 5 horas, se deja esa limpieza a medias. No es solo una cuestión de cansancio, es que el cerebro está funcionando entre desechos metabólicos. La doctora Rodríguez Moroder reivindica que el cuerpo grita lo que la mente ignora. Y las señales físicas que delatan a una falsa short sleeper son:

  • Bruxismo y desgaste dental: porque la tensión del sistema nervioso nunca desconecta.
  • Respiración oral y ronquidos: porque el cerebro no se oxigena correctamente durante la noche.
  • Alteración metabólica: porque se dispara el hambre de ultraprocesados y el riesgo de diabetes.

Para la doctora consultada el descanso debe dejar de verse como una debilidad de la fortaleza humana: «Presumir de dormir poco es como presumir de no comer. El sueño es una necesidad biológica innegociable, no un lujo que podamos recortar para ser más productivos». Sin duda alguna, es hora de tomar buena nota de todo lo comentado para evitar cometer el error de creerse una short sleeper hiperproductiva cuando, en realidad, se está cometiendo un continuo abuso del cuerpo a nivel físico y mental nada recomendable.

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