Desmontamos los mitos más comunes sobre el pelo

Las siliconas son el horror, los sulfatos una versión capilar de Ted Bundy, el pelo no puede lavarse todos los días. Podríamos seguir así eternamente, porque el tema del pelo da muchísimo de qué hablar, pero vamos a ir al grano y a desmontar todas esas premisas que hacen que creas que muchos de los productos que se venden en el mercado son perjudiciales para tu cabello, pueden enfermarte o pueden ser tóxicos, qué locura. 

Empecemos por el más común y iremos ascendiendo hasta limpiar todos estos prejuicios capilares que se basan, fundamentalmente, en el marketing del miedo. Si quieres más información sobre mitos capilares, has de seguir a la científica Laura Bey, es la maestra suprema de todo esto. Y también es genial que te compres el libro Pelazo para chicas con prisas, no porque lo haya escrito yo, que también, sino porque ahí plasmo toda mi sabiduría en cuanto a pelazo se refiere, aquí solo pongo una parte. 

‘Pelazo para chicas con prisas’, de Zenith, Grupo Planeta.

Mito 1. Siliconas, sulfatos y parabenos: el terror de las nenas

Siliconas

Son unos polímeros formados por silicio y oxígeno. Se usan en cosmética capilar porque aportan brillo y suavidad al pelo. Además, son relativamente baratas para añadir a las formulaciones, evitan el encrespamiento y hacen que el pelo deje de partirse con tanta frecuencia. Funcionan mejor en el pelo dañado, ya que el virgen lo apelmazan y lo engrasan. Crean una capa alrededor del cabello, evitando su deshidratación, y lo protegen de las altas temperaturas. La controversia viene de nuevo por el famoso buildup, un fenómeno que consiste en poner silicona sobre silicona, lo cual llega a apelmazar mucho el pelo e impide que se nutra correctamente.

Los cabellos muy finos lo notan más, pero la solución, si te incomoda tanto ese efecto, es usar productos sin siliconas o espaciarlos en el tiempo. ¿Van a ‘intoxicarte’ el pelo? No. Lo verdaderamente malo es que son componentes que tardan más de cien años en desintegrarse, por lo que no son precisamente eco-friendly.

Sulfatos

Son sustancias también conocidas como «surfactantes» o «tensioactivos», y actúan sobre la tensión superficial del agua. Son limpiadores muy potentes, capaces de eliminar la suciedad en algunas superficies sólidas. Arrastran esa grasa rodeándola y creando micelas.

El “problema” es que algunos sulfatos son irritantes y, por lo tanto, no son aconsejables en cueros cabelludos sensibles o irritados, aunque se suelen equilibrar con otros ingredientes hidratantes en su fórmula para contrarrestar esa parte más negativa.

Al final importa la fórmula al completo y tiene que valorarse en conjunto. Si a ti no te irritan, no tendrás problemas en usarlos.

Parabenos

Este fue el primer «terror cosmético» con el que saltó la alarma. Incluso varias marcas han reconocido que los han retirado de sus productos, aunque no supusieran un peligro real. Son ésteres de ácido hidroxibenzoico que están presentes de forma natural en plantas y frutas. Sin embargo, en la industria cosmética se utilizan a partir de un derivado del petróleo, aunque no por ello son Satán.

Se utilizan básicamente para conservar algunos productos, evitar que se alteren sus propiedades e impedir que las bacterias o los hongos los contaminen. Al absorberse en la piel y acumularse, mucha gente los relacionó con el cáncer de mama o con problemas de fertilidad masculina, pero a día de hoy no existen pruebas científicas concluyentes que lo confirmen. Muchos estudios demuestran que son seguros, así que no tienes por qué temerlos.

Mito 2. Lavarse el pelo todos los días es malo

No, no es malo lavarse el pelo a menudo. El pelo tiene que lavarse a demanda, cuando esté sucio. A día de hoy no existe ninguna evidencia científica que demuestre que lavar el pelo cuando lo necesite sea perjudicial. Ni se te va a caer ni a estropear. A esto suelen tener miedo los cueros cabelludos grasos, pero si necesitas lavarlo todos los días, no hay problema. Un tricólogo puede hablarte más sobre el tema si tienes dudas.

Mito 3. Los champús son para mil cosas

Los champús solo sirven para limpiar. A veces caemos en las trampas de las marcas y buscamos demasiadas cosas en un champú, como efectos de acabado (alisador, rizador, etc.). Sí que algunos pueden tener algún tipo de pigmento correctivo del color que lo matice, como es el caso de los champús violetas para cabellos muy rubios, pero pocas bondades más.

Lo que debemos buscar en un producto limpiador es precisamente eso, que limpie, arrastre la grasa y nos guste la sensación que deja. Hay tantas opciones como gustos personales, y lo que hay que tener en cuenta es nuestro tipo de cuero cabelludo para encontrar aquel champú que lo respete, no lo altere y considere el estado de nuestro pelo (seco, dañado, teñido, etc.). Pero nada más. Si quieres nutrirlo, hazte con un buen aceite. Si quieres alisarlo, utiliza una plancha. Pero que no te den gato por liebre.

Champú Detox para cuero cabelludo graso, una maravilla de Deliplus.

Mito 4. El cabello se regenera

El pelo en sí es un tejido muerto, no tiene capacidad para regenerarse porque, básicamente, sus células no están vivas. Tampoco respira, ni se asfixia, ni transpira, ni nada que se le parezca.

Está formado básicamente por queratina, no hay tejido vivo en él. Podemos aplicar tratamientos que se incrusten en esas roturas superficiales de la fibra «rellenándolas», por así decirlo, y evitando que el pelo se deteriore más, pero siempre de manera temporal. Por arte de magia, un tejido muerto no va a sanarse en la vida.

Podremos aplicar también productos que mejoren visiblemente su apariencia, pero esto es solo un efecto cosmético que se irá al siguiente lavado o, como mucho, en varios.

Mito 5. Tienes que hidratarte el pelo

Recordemos que un pelo virgen y sano es hidrofóbico, repele el agua y no necesita que se la aportes desde fuera. Este tipo de pelo sin modificación necesita un protocolo muy básico: limpieza y acondicionador. Aquí funcionarían los aceites, porque estos se pierden de forma natural; no reparan el pelo, pero sí ayudan a retener los nuevos aceites y proteger la fibra. 

Esto se llama nutrición. Ocurre justo lo contrario con el pelo que ha sido modificado o alterado en su estructura. Nos referimos al pelo dañado o decolorado, que es hidrofílico y por tanto su mantenimiento es diferente. Podemos recubrir esa fibra estropeada y agrietada a base de siliconas o polímeros para que el daño no vaya a más hasta el siguiente lavado. 

También puede funcionar bien la queratina, ya que si es sellada, dura algo más en el tiempo, aunque tampoco es una reparación real. El pelo dañado no retiene de una forma óptima los aceites; estos solo lo acabarían engrasando, así que su uso es contraproducente. Como además, es hidrofílico, tiende a encresparse. De hecho, si le aportas agua, provocas una saturación que a la larga produce una especie de inflamación de la fibra capilar que acaba en rotura una vez vuelve a su estado natural.

El pelo no necesita agua porque no es piel. Tú no tienes que aportarle agua más allá de la que absorba por él mismo de manera natural en la atmósfera.

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La mascarilla capilar de Beauté Mediterránea, altamente nutritiva.

Mito 6. Si te cortas las puntas, el pelo crece más rápido

Mentira y gorda, cortar los últimos centímetros no tiene ningún impacto sobre la raíz. Mejorará el aspecto del pelo porque se verá más sano, pero no hará que tu melena se active ni nada parecido.

Podríamos estar años hablando de esto, pero mejor en dosis, ¿quieres una segunda parte?

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