El cuidado de la piel continúa avanzando a ritmo vertiginoso. Cada temporada triunfan tratamientos en este ámbito que destacan por ser más innovadores y menos invasivos. Y uno de ellos es, sin duda alguna, el láser fraccionado. Esta técnica se ha consolidado como una de las opciones más eficaces en cirugía y medicina estética para transformar y mejorar el aspecto de la piel. ¿La principal razón? Favorece la regeneración dérmica y resulta especialmente adecuado para actuar sobre marcas, arrugas, cicatrices y manchas.
La clave del éxito con el láser fraccionado está en tener muy en cuenta el perfil de la paciente, el momento del año más adecuado y los cuidados posteriores para asegurar resultados seguros y satisfactorios. Así pues y como es habitual en VIBE, vayamos por partes abordando cada uno de estos aspectos para descubrir el antes, durante y después de este tratamiento que se ha hecho ya tan popular.
La gran versatilidad del láser fraccionado
El láser fraccionado utiliza CO2 y emite energía en forma de microhaces muy definidos y precisos. Éstos crean diminutas columnas de calor en la piel, que estimulan la producción de colágeno para mejorar la elasticidad, textura y luminosidad de la piel. ¿Por qué se denomina con el término «fraccionado»? Porque permite controlar la cantidad de energía que se aplica en columnas verticales de 0,3 milímetros. Y toda ella se emite en pulsos cortos con una alta tasa de repetición, de forma que se calientan las diferentes capas de la piel pero sin llegar a producir ningún tipo de lesión cutánea.
Por este motivo, el láser CO2 se puede utilizar en un amplio rango de edades con diferentes problemas cutáneos. Desde marcas de acné en pieles jóvenes hasta arrugas producidas por la edad. Según Elena Jiménez, cirujana y directora médica de Eleca Clinic, «este tipo de láser es muy versátil porque permite realizar tratamientos específicos en cada zona. O trabajar unas zonas con más intensidad y otras con menos. Por ejemplo, es muy eficaz en pieles de entre 35 y 55 años, porque es adecuado para las primeras arruguitas finas que aparecen en la zona alrededor de los ojos. En estos casos, con intensidades bajas, se consiguen unos resultados muy buenos».

En el caso de las pieles maduras, el láser fraccionado es recomendable porque produce una regeneración muy profunda de la piel. Pero hay más. Según la citada especialista «el láser de CO2 también crea un depósito de energía en la dermis que activa muchísimo la generación de colágeno nuevo y de mejor calidad que el existente previo. Y además produce una vasodilatación que aporta muchísima nutrición a la capa inferior de la piel».
Así pues, respecto a los resultados que se consiguen obtener… van a depender de la edad. Nos lo explica la doctora Jiménez con más detalle: «en personas jóvenes es habitual una atenuación muy importante de las marquitas de acné. En pacientes de edad intermedia se lleva a cabo una prevención muy eficaz de la aparición de la arruga fina. Y por último, en la época de la menopausia, este láser se utiliza para hacer una regeneración profunda desde dentro».
Estacionalidad y periodicidad del tratamiento
Respecto a la estacionalidad y periodicidad del tratamiento, la mejor época para someterse al láser fraccionado es durante el otoño o el invierno. ¿Por qué? La exposición solar es menor. Hay que tener en cuenta que la piel tratada es muy sensible a la radiación ultravioleta, por lo que realizar el procedimiento fuera de los meses de mayor sol ayuda a prevenir riesgos de hiperpigmentación.
También es esencial seleccionar el fototipo de paciente. Los fototipos IV y V no deben tratarse con este láser, ya que la acción de su energía puede generar la citada e indeseada hiperpigmentación. ¿Cada cuánto tiempo es aconsejable utilizar esta técnica para mejorar la piel? Dependerá un poco del nivel de trastorno cutáneo que se padezca. Hay pacientes que se pueden hacer un láser fraccionado cada 2-3 años, pero hay otras que pueden requerirlo anualmente.

Respecto a los efectos secundarios… no hay nada que temer. A diferencia de los viejos equipos de láser de CO2, los actuales no causan un enrojecimiento prolongado, no provocan cambios de pigmentación y no conllevan riesgo de infecciones. Después de una sesión, la recuperación del tejido es muy rápida. Según el Instituto de Medicina y Dermatología Avanzada (IMDA), durante los primeros 3-5 días la piel puede estar enrojecida y con leve inflamación y es habitual percibir molestias que recuerdan a las que aparecen tras una quemadura solar. En la primera semana la piel muestra un tono bronceado y con pequeñas costras que no deben retirarse. Es parte de la regeneración y renovación naturales de la piel. También es normal que pueda apreciarse un punteado en la superficie de la piel, que se corresponde con las columnas de calor generadas y que se atenúa progresivamente.
En este sentido y para terminar, la doctora Jiménez añade que «gracias al fraccionado y al control de la energía, este tipo de láser se puede aplicar hasta en personas con fototipo III, que es el más mayoritario en la población española. Y lógicamente, el tratamiento se complementa con cremas de retinol, controladores de la melanina, vitamina C, vitamina E o incluso alguna fórmula magistral con un antiinflamatorio en crema para minimizar las molestias y obtener los mejores resultados».


