La estación del año que vivimos no es solo sinónimo de una meteorología extrema y amenazante. También puede servir de inspiración para que el ámbito de la perfumería proponga nuevos aromas que nos enamoren. Este invierno las fragancias empolvadas han regresado con fuerza, reinterpretadas desde una perspectiva moderna que combina pulcritud e innovación. En un ámbito saturado por perfumes atrevidos, hiperdulces o minimalistas, el regreso de este tipo de composiciones propone una sensualidad relajante y refrescante que resulta… familiar y refinada.
Para profundizar en esta tendencia aromática, hemos contactado con la perfumista Patricia Ruiz de la empresa CPL Aromas. Con más de 12 años de experiencia en la industria de las fragancias, comenzó su carrera por su habilidad natural para memorizar materias primas y reconocer fragancias. Con el tiempo, esta aptitud sensorial le llevó a clasificar familias olfativas e identificarlas en las composiciones terminadas. Desde acordes sencillos hasta formulaciones más complejas, para Patricia la perfumería es un proceso de aprendizaje continuo, donde cada creación le ofrece nuevas perspectivas y experiencias.

Patricia, ¿crees que este tipo de fragancias de estética clean resultan realmente apetecibles en pleno invierno?
Desde luego. Su atractivo reside precisamente en su dualidad. Mientras las fragancias amaderadas, especiadas o gourmand buscan «abrigar olfativamente», los perfumes de estética blanca juegan con el contraste. Evocan el aire frío y la luminosidad silenciosa de un paisaje nevado. Ante el frío, no solo se busca calor. A veces, se anhela claridad. Los acordes de estas fragancias funcionan como un reseteo sensorial en una estación de excesos con capas de ropa y ambientes sobrecargados. Con temperaturas bajas, las notas limpias y blancas proyectan de forma más elegante y contenida. No recargan el ambiente, lo iluminan. Y se sienten como una segunda piel pulida y serena que acompaña el invierno sin competir con él.
¿Su aroma suele ser fresco porque se basa en composiciones empolvadas?
No necesariamente. El frescor y lo empolvado no son sinónimos, aunque en estos perfumes son matices que suelen aparecer vinculados. Las notas empolvadas, como el iris, la violeta o ciertos almizcles blancos, aportan suavidad, textura aterciopelada y la sensación de «blancura» característica de estas composiciones. Pero no son las responsables directas de un efecto refrescante. Este se suele construir mediante acordes aldehídicos u ozónicos que evocan el aire helado. También a través de notas acuáticas y minerales que sugieren transparencia cristalina. O incluso ligeros matices mentolados, especiados o balsámicos.
¿Por qué el ingrediente clave en este tipo de perfumes invernales suele ser el almizcle?
El almizcle, especialmente en sus variantes blancas y limpias (abajo, en la imagen), se ha convertido en el pilar de estas composiciones invernales porque cumple una función que ninguna otra nota puede igualar: humanizar el frío sin cancelarlo. Su carácter suave, difusivo y ligeramente cálido permite crear perfumes transparentes, íntimos y envolventes al mismo tiempo. En una fragancia inspirada en el hielo, el almizcle actúa como el cuerpo que sostiene las notas frías volátiles y las envuelve y prolonga su estela sin opacarlas. Podríamos decir que es el equivalente aromático a la luz blanca que se refleja sobre el hielo.

¿Qué otras notas suelen añadirse en fragancias inspiradas por el frío invierno?
Habitualmente encontramos maderas suaves como el cedro blanco o el cashmeran. Toques especiados tenues como la pimienta rosa, el cardamomo o el jengibre. Notas florales frías como la peonía, la rosa blanca o el lirio del valle (a menudo tratadas con un velo transparente). Y acordes lácteos como la leche fría, el arroz o el algodón.
Por último, Patricia, ¿estas fragancias son la contraposición a los perfumes amaderados y cálidos?
Más que contraposición, yo lo veo como una respuesta complementaria. Mientras los perfumes ambarinos y cálidos buscan envolver en calor, estas fragancias blancas proponen lo contrario: celebrar el frío en lugar de combatirlo. Son como… la otra cara del invierno. No representan la chimenea, sino el paisaje nevado. Tampoco el abrigo de lana, sino el aire cortante al respirar hondo. No el refugio, sino el paseo. Ambas aproximaciones son igualmente invernales, pero responden a estados de ánimo distintos. Las fragancias cálidas invitan a recogerse. Las frías invitan a salir. En definitiva, los perfumes blancos de invierno no buscan subir la temperatura: buscan iluminar la estación con una estética de silencio, limpieza y elegancia etérea.
5 fragancias para un invierno muy clean

El eau de parfum Born In Roma Ivory de Valentino combina las notas de vainilla de Madagascar y almizcle para obtener una propuesta que resulta perfecta para las noches de invierno. Al principio, su aroma es floral, limpio y almizclado. Sin embargo, tras el secado, transmite la cantidad adecuada de dulzura ligera y empolvada gracias a un acertado acorde de malvavisco.

El eau de parfum Ice(d) de Commodity tiene un aroma a mango helado con menta verde fresca y eucalipto que proporciona una frescura duradera. Como todas las fragancias Commodity, está disponible en tres niveles de proyección. En el Personal se mantiene íntimo y cercano a la piel. Expressive ofrece una presencia equilibrada y perceptible. Y Bold ofrece una proyección envolvente con notas amplificadas.

El eau de parfum Boem Shine de Mercadona mezcla notas de musgo de roble, ámbar y almizcles blancos. Proporciona un aroma «a limpio» que transmite frescura, pureza y una sensación de pulcritud que se mantiene durante horas. Su evolución de la frescura inicial a un fondo cálido y envolvente lo convierte en una opción ideal para el invierno, aportando durabilidad y versatilidad a partes iguales.

El eau de parfum for her Pure Musc Blanc de Narciso Rodriguez contiene la quintaesencia del almizcle. En realidad, se ha creado como una base para combinar con el resto de la colección for her. Su aroma ensalza las facetas más puras del almizcle con un buqué de flores blancas como el azahar, el jazmín y el ylang-ylang. Y todo ello se envuelve con la reconfortante calidez de la madera de cachemira.

El eau de parfum Inox de Clive Christian se abre de un modo fresco y nítido que recuerda al acero y la plata. A continuación, se despliega con un corazón de lirio de los valles, gurjun y un acorde ozónico, para finalizar con una base de cuero, oud y sándalo. Todo ello cabe en una fragancia que se ha creado en consonancia con el lujo moderno de la tienda insignia de la firma en 118 New Bond Street, Londres.


